Y yo te miraba mientras pasabas una y otra vez. Era como si aquella dulce palabra que quería salir de mi boca rogara ser escupida sutilmente, pero no, las agallas no me alcanzaban esta vez. Tú aparecías ante mi vista tan iluminado, y tan especialmente ajeno a este mundo, que ni mis sentidos podían reaccionar ante tu figura. Una vez más te observaba cruzar la calle, mi casa solitaria, fría, humedecida por la tristeza no llamaría nunca tu mísera atención. No había sido nunca combativa ante las atracciones dulces de la vida, y yo, ni como la primera ni la última vez, desesperanzada, dejé de salir cada mañana a esperarte.
¿Acaso recuerdas esas miradas que ocultaba, cuando tenía esa angustia inexplicable que me mantenía acallada?
Mi cuerpo temblaba completamente, pero de pronto una suave voz susurró a mi oído -Resiste Francisca-. Abrí los ojos, y lo descubrí a mi lado una vez más...
lunes, 11 de julio de 2011
domingo, 12 de junio de 2011
Tu mano
miércoles, 8 de junio de 2011
Último vuelo
Intentaba volar más y más alto, era allí, cerca de aquella luz a donde me dirigía, ¿qué fue lo que me hizo caer?. Tu mano estaba tan firmemente aferrada a la mía, pero caí, y sentía la excitante adrenalina que abrazaba mi cuerpo, cómo deseaba caer más lento para sentir el vuelo por última vez...
Escribir
Hoy siento algo extraño, siento esa energía que parece querer demostrar que sí existo, que sí respiro, que sí siento, en días así, me dan tantas ganas de escribir. Es como si no expresarlo me ahogara, me reprimiera y me matara.
sábado, 22 de enero de 2011
Presagio
Corrí. Corrí entre los árboles lo más rápido que pude. El aliento acelerado se sentía entre los eucaliptos, que formaban el enorme bosque entre el que me perdía. Su imagen pasaba entre mis pensamientos una y otra vez. Una rama dejó al descubierto parte de la sangre que emanaba la herida que me produjo aquél enredo de punzante naturaleza. Nunca antes había estado en un lugar semejante. La desesperación me impedía pronunciar ruido alguno además de mis jadeos constantes ocasionados por la huida imprevista.
Al acercarme a aquél bosque, que se encontraba junto a la cordillera, había perdido la noción del espacio. Todo parecía tranquilo, hasta que ese sentimiento de soledad comenzó a invadirme. Siempre detesté estar en un lugar desconocido totalmente sola, más aún si comenzaba a anochecer. Ya ahí, entre los bellos árboles que me habían cautivado en un principio, sentí que mi cuerpo se estremecía por la mirada fría de algún desconocido. Entonces no me atreví a voltear, y en un impulso cobarde decidí correr.
Alguien me perseguía y corría tras de mí. A pesar de mi rapidez, la distancia entre el incógnito y yo, no era suficiente como para voltearme a descubrir la identidad del perseguidor. El bosque que me consumía ante mis ojos parecía interminable. Entonces comencé a sentir su respiración cada vez más cercana. Corrí, intenté correr más rápido, pero su mano sostuvo fuertemente mi brazo y me dijo “Ágata”. Abrí los ojos y Gaspar sostenía mi brazo con cara de interrogación.

martes, 7 de diciembre de 2010
¿Recuerdas?
Hoy te hablo amor, te hablo porque quiero que rememores las cosas que recuerdo de ti y de mi. ¿Recuerdas ese libro que dijiste que buscabas? ¿Recuerdas cuando éramos nada? ¿Recuerdas aquellas risotadas, que soltaba estridentes cada vez que agujereaba tu barriga fatigada? ¿Recuerdas aquellas hojas, que se desplomaban mientras caminábamos tomados de las manos por aquella vereda desconocida que se esfumaba? ¿Acaso recuerdas esas miradas que ocultaba, cuando tenía esa angustia inexplicable que me mantenía acallada? ¿Recuerdas ese patio inmenso, tu y yo solos en casa, que nos abrazaba cuando nos perdíamos silenciosos entre las ramas? ¿Recuerdas, amor, esas manos que acariciaban tu cuerpo mientras nadie nos miraba? ¿Recuerdas aquellas veces, cuando me desplazaba sobre tus muslos para alcanzar esa boca que tanto anhelaba? ¿Recuerdas esas promesas que me hacías a los tres meses de estar juntos, esas donde brillaba tu mirada? ¿Recuerdas esas palabras dulces, esas proyecciones, esas esperanzas que tanto me dabas?
Si tú no recuerdas hoy amor, porque te sientes abatido, cansado y abrumado, me encuentro aquí, para susurrarlo lentamente a tu oído, para que comprendas que estoy hoy, aquí contigo. Yo te lo recuerdo amor, e intentaré hacerlo cada día de la vida, cada segundo, cada momento que te arriesgues a sostener a mi lado, cada vez que lo olvides, estaré yo junto a ti como este tiempo que ha pasado. Si no estimas que es osado de mi parte pedirte algo más, pedirte por ejemplo, que cuando yo me rinda, me recuerdes esto y tantas cosas que pasamos.
Amor, quiero que revivas cada segundo conmigo, cada instante en mi, quiero que evoques tus palabras de aliento, y mis vocablos de ánimo, para sentirnos nuevamente esperanzados, como tantas veces antes lo hemos logrado.

lunes, 29 de noviembre de 2010
Como siempre, como nunca
Me parecía insensato pensar en aquello, pero me parecía aún más absurdo el hecho de guiarme sin juicio alguno en ese momento. En situaciones similares no me dedicaba a meditar, me libraba del pensamiento, no utilizaba el raciocinio. Simplemente quería hacerlo una vez más, me sentía llevada por el deseo, sentía la piel erizada, y ese calor que abrazaba mi cara, mi cuerpo. Mientras nos perdíamos en la noche, entre aquellas dunas perdidas al borde de la playa, sentía persistente el retumbe en mis oídos. Caminábamos apresurados, para lanzarnos acalorados entre la arena. Sentía, sentía esas manos candorosas que osaban atravesar cada prenda, sentía su respiro quejumbroso mientras intentaba acomodarse como yo lo deseaba. No pensaba hacer comparaciones, "podría ser mejor", me dije, y sonreí acalorada entre sollozos. Terminó como siempre. Terminó como nunca. Terminó y sólo pude continuar con la noche en medio de una sonrisa protuberante. La luna no existió esa noche, no existieron los remordimientos, no existió ni el amigo ni la amiga. Sólo existió el apetito.
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